Las Escrituras y su autoridad (57 descargas )
Serie: Fundamentos que permanecen
“Creemos que la Biblia es la palabra de Dios, suficiente para sostener y guiar nuestro caminar en Cristo”.
a lo largo de aproximadamente mil quinientos años, recopiladas en distintos momentos de la historia, pero guiadas y ordenadas
por el Espíritu Santo.La Biblia es mucho más que palabras bonitas para guiarnos moralmente, es la esencia que nos conduce a conocer el corazón de Dios. De tal manera que la Biblia no existe porque la iglesia la haya definido o estructurado, sino que la Palabra de Dios fue la que dio vida a la iglesia de Cristo.En este estudio nos sumergimos en la Palabra de Dios para entender y afirmar si la Biblia es la autoridad suficiente para nuestra vida cristiana.
La Palabra de Dios, origen de todo
La Biblia enseña que Dios creó todas las cosas por medio de Su Palabra. Desde el inicio vemos que Dios no necesitó herramientas ni procesos humanos, una palabra fue suficiente para dar origen a la creación.
“Y dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz.” (Génesis 1:3)
A una sola palabra, todas las cosas fueron hechas y formadas. La luz surgió donde no había nada, y aquello que estaba en desorden fue puesto en orden. La Palabra de Dios dio origen a todo lo que hoy conocemos como creación.
Más adelante, la Escritura muestra que Dios creó al ser humano de una manera distinta, con un propósito específico:
“Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio…” (Génesis 1:26)
Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza con el propósito de ejercer dominio sobre el resto de la creación. Este dominio no era autoritario ni opresivo, sino un encargo, una responsabilidad delegada para cuidar, administrar y gobernar lo que Dios había creado, en plena comunión con Dios.
La ruptura de la comunión y la necesidad de revelación
El plan original dependía de que el hombre viviera en plena comunión con Dios. Sin embargo, a causa del pecado de Adán y Eva, esa comunión fue quebrantada. Al escuchar y obedecer la voz de la serpiente, el hombre cayó, y esa caída produjo separación entre Dios y el ser humano.
“Y oyeron al SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto… y se escondieron de la presencia del SEÑOR Dios…” (Génesis 3:8)
Aquello que antes era comunión, ahora produjo temor. El pecado creó distancia entre Dios y el hombre, tal como la Escritura enseña que el pecado siempre lo hace.
“Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios…” (Isaías 59:2)
Por esa razón, Dios no dejó al hombre en una condición de separación producida por el pecado. Decidió hablar, revelarse y acercarse nuevamente por medio de Su Palabra, usando patriarcas, profetas, jueces y reyes, con un solo objetivo, reconciliar al hombre con Él y restaurar el diseño original.
“Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo… en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo… y sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder.” (Hebreos 1:1–3)
La Palabra eterna y el centro cristocéntrico de la Biblia
El Nuevo Testamento reafirma que en el principio ya estaba la Palabra. Antes de que algo existiera, la Palabra ya estaba.
Esto muestra que la Palabra de Dios no surge dentro de la historia, sino que la antecede, y por eso tiene autoridad sobre todo lo creado.
“En el principio ya existía la Palabra; y la Palabra estaba junto a Dios y era Dios… Todo fue hecho por medio de ella…” (Juan 1:1–3)
Esa Palabra es Jesucristo, quien en la obra más maravillosa reconciliaría a los hombres con Dios. Vista desde una perspectiva amplia, la Biblia es la voz de Dios llamando al hombre a volver a Él y restaurar la comunión perdida, y ese llamado sigue vigente hoy por medio de Jesucristo.
Toda la Escritura tiene coherencia teológica y encuentra su centro en Cristo y Su obra redentora. La Biblia es cristocéntrica,
no es un grupo de libros desordenados, sino una revelación con coherencia perfecta.
“Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras.” (Lucas 24:27)
“Ustedes estudian las Escrituras a fondo… pero las Escrituras dan testimonio de mí.” (Juan 5:39)
La letra misma da testimonio, apunta, señala y afirma a Jesucristo. Por eso, al venir a la tierra, Jesús afirmó la Ley y cumplió a plenitud las Escrituras y las profecías mesiánicas.
Así como la Palabra de Dios sostiene todo lo creado, también sostiene a la iglesia en su caminar hoy. Por eso afirmamos que la Escritura es suficiente para sostener nuestro caminar hacia Cristo.
Cómo se escribió y cómo está estructurada la Biblia
La Biblia fue escrita por personas entregadas a Dios, aproximadamente cuarenta autores, a lo largo de unos mil quinientos años.
Estos hombres, guiados por el Espíritu Santo, dejaron escritos de distintos géneros, históricos, poéticos y proféticos.
Aunque los autores y los contextos fueron diferentes, la fuente de la revelación es una sola.
El Tanaj y la comprensión de “las Escrituras”
Para el pueblo judío, la Biblia hebrea, conocida como el Tanaj, está organizada en la Ley, los Profetas y los Escritos.
Los Doce Profetas originalmente formaban un solo rollo, y en total el Tanaj contiene treinta y nueve escritos, el mismo contenido del Antiguo Testamento, aunque en un orden distinto.

Es importante entender que los escritos que componían “las Escrituras” a las que se referían Jesús y los apóstoles correspondían a este conjunto de libros. Para el pueblo judío eran 24 libros, equivalentes a los 39 libros del Antiguo Testamento, ya que varios escritos que hoy contamos por separado, ellos los consideraban como uno solo.
Criterios de reconocimiento (autoridad en tiempos de Jesús)
En tiempos de Jesús, la autoridad de estos escritos era ampliamente reconocida porque cumplían criterios claros:
- Habían sido inspirados por Dios.
- Procedían de hombres llamados y respaldados por Dios.
- Afirmaban y guardaban las enseñanzas del pacto.
- Transmitían de forma coherente el mensaje reconciliador de Dios con la humanidad.
Bajo estos criterios, se descartaron otros escritos de carácter histórico o de reflexiones personales. Así, el conjunto de libros que hoy llamamos Antiguo Testamento fue reconocido como Escritura inspirada.
La Septuaginta (LXX) y la continuidad del mensaje
Posteriormente, estos textos fueron traducidos del hebreo al griego, el idioma común de la época, en lo que conocemos como la Septuaginta (LXX), una versión ampliamente utilizada y citada en tiempos de Jesús y de los apóstoles. En esa traducción circularon también algunos escritos históricos que, aunque útiles, no eran considerados parte de la Palabra inspirada, lo cual con el tiempo generó confusión sobre el número de libros del Antiguo Testamento.
La organización de la Biblia hoy
Nuestra Biblia está organizada en dos grandes secciones, Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, manteniendo la continuidad del mensaje revelado de Dios.
Antiguo Testamento (39 libros)
- Pentateuco (5 libros): Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio.
Tema principal: creación, caída, pacto y ley. - Libros Históricos (12 libros): Josué, Jueces, Rut, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester.
Tema principal: el desarrollo del pueblo de Dios en la historia bajo su gobierno. - Libros Poéticos y Sapienciales (5 libros): Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares.
Tema principal: sabiduría, adoración y la experiencia humana delante de Dios. - Profetas Mayores y Menores (17 libros): Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías.
Tema principal: confrontación, llamado al arrepentimiento y anuncio mesiánico.
Nuevo Testamento (27 libros)
- Evangelios (4 libros): Mateo, Marcos, Lucas, Juan.
Tema principal: la vida, obra, muerte y resurrección de Jesucristo. - Hechos (1 libro): Hechos de los Apóstoles.
Tema principal: la expansión de la Iglesia por medio del Espíritu Santo. - Epístolas (21 libros): Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón,
Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 Juan, Judas.
Tema principal: doctrina apostólica y formación de la Iglesia. - Apocalipsis (1 libro): Apocalipsis.
Tema principal: la consumación de la historia redentora y el gobierno final de Cristo.
El reconocimiento de estos libros como inspirados por el Espíritu Santo llevó al cierre del canon bíblico, afirmando los 66 libros que componen la Escritura y estableciendo que no habría nuevas revelaciones escritas con la misma autoridad.
A lo largo de los años, la palabra ha cambiado en los distintos idiomas a los que se ha traducido, pero las verdades reveladas no se trastocan. Y todo este proceso confirma una verdad esencial, la Biblia nunca fue dada para ser interpretada de forma literal en un sentido rígido, sino inspirada y revelada para que el Espíritu Santo comunicara el corazón de Dios al hombre.
El resultado de escudriñar la Palabra de Dios
La Palabra de Dios fue preservada a través del tiempo, los idiomas y la historia, para gobernar nuestra fe y nuestra vida.
“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra.”
(2 Timoteo 3:16–17)
Cuando la Biblia dice que toda la Escritura es inspirada por Dios y útil, no está hablando de información religiosa,
sino de formación espiritual real.
Lo que la Palabra produce en nosotros
- Enseña: establece la verdad, nos muestra quién es Dios, qué creemos y sobre qué edificamos la fe. Sin enseñanza clara,
la fe se vuelve emocional, inestable y fácil de mover. - Reprende: confronta lo que está mal, despierta, muestra el error y expone lo torcido en nuestra forma de pensar, creer o vivir, no para avergonzarnos, sino para sacarnos del engaño.
- Corrige: nos vuelve a encaminar, endereza lo torcido y nos muestra cómo regresar al camino correcto. Dios no revela el error para condenar, sino para restaurar.
- Instruye en justicia: forma carácter, establece convicciones y enseña a vivir conforme a la voluntad de Dios día tras día.
No busca solo decisiones correctas, sino una vida justa delante de Él.
El resultado es que el hombre de Dios sea perfeccionado por medio de la Sangre de Cristo, para vivir en plenitud de comunión.


